El D&O no protege a la empresa: protege a las personas que la dirigen. Consejeros y directivos responden con su patrimonio personal por las decisiones que toman en el cargo, y esa exposición no desaparece al renunciar ni al vender la compañía — sigue viva mientras los hechos puedan reclamarse.
En México el producto se vuelve relevante en un momento identificable: cuando entra capital externo, un fondo o un socio institucional. Ahí aparece un consejo con obligaciones formales, consejeros independientes que no aceptan el cargo sin cobertura, y accionistas minoritarios con vía para reclamar. Muchas empresas familiares descubren el D&O exactamente en esa mesa.
Importa además distinguir quién paga. Cuando la empresa puede indemnizar a su directivo, la póliza le reembolsa a ella. Cuando no puede — por insolvencia o porque la ley se lo impide — la cobertura responde directamente al directivo. Esa segunda hipótesis es la que realmente protege el patrimonio personal, y conviene revisar que esté contratada.