El todo riesgo construcción cubre la obra mientras se ejecuta, y su lógica es distinta a la de una póliza de propiedad: el bien asegurado crece cada mes. La suma se fija sobre el valor final del contrato, incluyendo materiales, mano de obra e instalaciones, porque la exposición máxima ocurre justo antes de la entrega.
Quién la contrata es una decisión con consecuencias. Puede hacerlo el contratante o el contratista, pero la póliza debe nombrar a todas las partes con interés asegurable — contratante, contratista, subcontratistas y, cuando hay financiamiento, la institución acreedora. Una obra asegurada a nombre de una sola parte deja a las demás sin acción directa cuando ocurre el siniestro.
La cobertura tampoco debe terminar con la recepción. El periodo de mantenimiento responde por los defectos que aparecen después de entregar, cuando la obra ya está ocupada. Es el tramo que más seguido se omite al contratar y donde los daños resultan más caros de reparar.